EL MONOFISISMO EVANGÉLICO Y LOS ABSOLUTOS DIVINOS
Prof: Miguel España.
                                                              

INTRODUCCIÓN
En el cristianismo antiguo hubo un gran debate alrededor de la naturaleza de Jesucristo.
Unos decían que Jesús era una criatura, muy excelsa, pero al fin y al cabo una criatura (Arrianismo), otro sostenían que Jesús aparentaba tener cuerpo, pero no era más que espíritu (docetas). Ante estas posturas la iglesia de entonces convocó a un concilio (concilio de Nicea 325) para definir y aclarar esta cuestión. De este encuentro salió la doctrina que sostiene que Jesucristo es “completamente hombre y completamente Dios”. De esta manera se repudiaron las posturas docetistas y arrianistas.

Luego se dio una disputa sobre la relación entre estas dos naturalezas. Unos sostenían que la naturaleza humana había sido absorbida, opacada por la naturaleza divina en Jesucristo. La naturaleza divina prevalecía y guiaba en absoluto a la naturaleza humana en Jesucristo. Esto es el Monofisismo.
Como esta postura relegaba la naturaleza humana de Jesús a segundo plano, poniendo en peligro la eficacia salvífica de Jesucristo, entonces fue condenada. Esto no podía ser de otra manera ya que Dios al encarnarse en Jesús asumió toda la naturaleza humana, y solo así es que pudo redimir a la humanidad entera en cada uno de sus individuos. Si la naturaleza humana en Jesús fue solo una “excusa” de Dios o solo fue un “útil” entonces esto acarrearía graves consecuencias desde el punto de vista de la comprensión de la actuación salvífica de Dios y desde el punto de vista político: somos un útil, un medio para Dios. Pero no es así. La naturaleza humana asumida en Dios, no solo es asumida como medio eficaz, sino como fin en sí mismo: la sola asunción de la naturaleza humana en Dios es un acto salvífico redentor-escatológico, introduce a Dios en el drama humano del que ya jamás podrá evadir (al contrario fue la intención original que hombre y Dios estén en comunión). El destino del hombre es el destino de Dios y viceversa.

En la historia del pensamiento cristiano siempre se ha dado una inclinación o preferencia hacia la naturaleza divina de Jesucristo. Esto tiene muchas razones.

DEL DIOS-ABBA A LA EMERGENCIA DE LOS DIVINOS ABSOLUTOS.

Se ha identificado lo divino de la naturaleza del Dios de Jesús con las categorías de poder. Está bien si entendemos bien el sentido de poder y gloria en Dios, y no entenderlo desde las ideas políticas-monárquicas mundanas.

Toda la historia de la teología cristiana ha sido una teología desde-el-poder por lo que sustenta concepciones teocráticas y monárquicas, divinas y humanas.

Dios como el “absoluto” es la causa de las políticas monarquistas y absolutistas, es causa del ateísmo, es causa del alejamiento de las personas de Dios. Deus ex machina, el totalmente otro, el pantokrator, el omnipotente, el impasible, primer motor inmóvil, la esencia, e.o, son categorías que han infinitizado a Dios. Dios antes de ser una categoría es RELACIONALIDAD.
El problema es que a la imagen de Jesucristo se le ha adjudicado los “predicados o atributos del Dios absoluto”.

Desde la teología cristiana se llega al “Padre” por el Hijo. Esto quiere decir que la teología cristiana es una teología cristológica. Quién es Dios nos lo revela Jesucristo. La revelación de Dios por parte de Jesús en los Evangelios nada tiene que ver con la imagen de Dios absoluto que hoy se sostiene como cristiana. El Dios absoluto es una divinidad filosófica; en Jesús Dios es Padre, el Abba. Pero no padre varón, sino fuente de vida y cuidado.

La teología piensa a Dios como Padre de Jesucristo y de esa manera Dios es cercano, intimo, amoroso, misericordioso. Esto es necesariamente así debido a que existen muchísimas imágenes de las divinidades en toda la historia de la humanidad, desde Ra, Osiris, Baal, Mamón, Zeus, Júpiter, Odín, Krishna, Quetzalcóatl, e.o., y todas ellas tan antropomórficas, a veces absolutas y otras veces débilmente inestables.

Por lo que a Dios, el creyente, no lo piensa desde una idea o concepto, sino desde la experiencia-memoria: la memoria/experiencia que Jesús tuvo de su Abba, y la experiencia/memoria que el creyente tiene de Dios en Jesucristo. Y Por otro lado a Jesucristo no se le interpreta desde una idea o concepto divinos absolutos sino desde la relación de unidad con su Abba. Es lo propiamente cristiano de la religión cristiana. Quien me ha visto ha visto al Padre/Abba. (Jn. 14.9)

Pero resulta que el Dios del Antiguo Testamento (יהוה) fue asumiendo las características de los dioses absolutos de los pueblos circundantes (desde la llegada a Canaán de los Hebreos) hasta la “elevación” de Dios a categorías culturales y filosóficas absolutas (Persas, Griegos, Romanos). Es lo mismo que sucedió con Jesucristo, ya que como hijo de éste nuevo dios absoluto él mismo debía ser un dios absoluto. De ahí que un Dios absoluto funda un Jesucristo absoluto. El Dios del éxodo, de la Alianza, de los Patriarcas y Profetas, ése Dios que tiene cuidado y amor por su pueblo y creación desaparece tras nuevas teologías de los absolutos divinos; el Abba de Jesucristo ahora es el “omnipotente” y el Hijo, Jesucristo, en vez de ser nuestro hermano y amigo es elevado a el absoluto pantokrator. Por qué es tan importante absolutizar a Jesús?

Por la necesidad de que lo institucional-religioso del cristianismo cuando se convirtió en religión política, desde Constantino y Teodosio I era necesario: a- suplantar los poderes de los dioses tradicionales paganos, reasumiéndolos las nuevas divinidades cristianas, b- para todo imperio se necesita una religión de poder (no pueden ser más poderosos los dioses de otros pueblos que los del imperio) y c- el paso de ser una religión minoritaria, clandestina y perseguida a ser religión oficial necesita una legitimación absoluta. Eso solo lo puede hacer una imagen de dios absoluta. Esto ayer, pero también hoy.

El verdadero problema de fondo del dogma trinitario (desde la disputa de las dos naturaleza hasta la communicatio idiomatum y la elevación al Jesucristo bizantino a pantokrator) es la absolutización de Jesucristo. En ese momento nos arrebataron a Jesús, cercano, misericordioso, humano por una deidad a la Grecia, Egipto, Roma, etc.

Siempre que se necesita legitimar discursos religiosos extravagantes, donde existen superhumanos, mesías, elegidos y superapostoles, y se juegan inmensas riquezas y poder es cuando regresan los dioses absolutos.

LO SOBRENATURAL COMO SUPERNATURAL.

Lo “sobrenatural” es lo “supernatural” de los nuevos discursos religiosos. Lo sobrenatural es una característica de lo religioso, que remite a un “más allá” de lo divino, con la intención de no cosificar a Dios, ya que rebajaríamos a Dios a un ídolo, una cosa dominable, tipo los dioses antiguos que podían ser manipulados por los seres humanos. Sobrenatural representa un principio intra-ascendente, o sea, que Dios es tan íntimo a su creación pero a la vez no es posible identificar su “esencia” con la misma criatura. Dios siempre es Dios y la criatura, criatura.

Pero la teología cristiana en general, pero en particular la del movimiento apostólico y de lo sobrenatural, se basan en un discurso “supernatural”. Lo supernatural es la negación del Dios de la Biblia, y de Jesucristo. Lo supernatural es la absolutización de los absolutos religiosos y sus correlatos políticos. Lo supernatural es idolatría. Lo supernatural es fuente del ateísmo.

1-      Niega al Dios de la biblia ya que lo aleja de su creación, lo vuelve un deus otiosus, deus ex machina. Dios no rompe con las leyes de la naturaleza ya que eso sería una contradicción consigo mismo, con su Palabra creadora. Debemos comprender sistémicamente la idea de milagro. Niega a Jesucristo ya que él es completamente humano, y es tan transparentemente humano que no puede ser sino Dios mismo entre nosotros.
2-      Ya refería cómo los dioses absolutos sustentan doctrinas religiosas y políticas absolutistas. Un Dios sensible, deus patheticus diría Moltmann, que se duele con nuestro dolor ante las muertes injustas, ante tanta exclusión, explotación, guerras,…no puede ser Dios. Pero los creyentes no conocemos más de Dios que lo revelado en Jesucristo crucificado. Dios puede morir, sufrir en Jesús, en los pueblos crucificados, en la naturaleza arruinada, en las guerras donde inocentes sufren…
3-      Es idolatría ya que no hay dioses absolutos más que el uno[1] Dios. Este Dios uno es el Dios de la creación, del éxodo, de la Alianza (berit), de los profetas, de Jesucristo y de las promesas de reconciliación.
4-      Es ateísmo ya que nos deja sin salida ante la teodicea. Si en Europa ante la segunda guerra mundial que dejó millones de muertos y destruida más de la mitad de toda Europa no se pudo encontrar en ningún lado a Dios, mucho menos en Auschwitz, y por lo tanto fue más fuerte la proclama “Dios ha muerto”, aquí en Latinoamérica lo sobrenatural de los dioses absolutos nos arrebatan al Abba que prometió estar con nosotros “todos los días hasta el fin del mundo” (diríamos hoy: en las duras y en las maduras) y nos dejan ante la disyuntiva: o una divinidad absoluta que exigen una fe ciega e irresponsable o el nihil que nos dice “no hay Dios”. Ambas opciones es nihilismo, ateísmo. Una porque la fe se basa en el poder de la nada representada en un ídolo-absoluto, y la otra se basa en el poder de la nada representada en la resignación ante los ídolos-poderes-de-muerte de este mundo.

JESUCRISTO RADICALMENTE HUMANO Y RADICALMENTE DIVINO.



Recuperar la radical humanidad[2] de Jesús hoy día significa recupera al Dios de Jesús; recurar la radicalidad humana de Jesús es recuperar la verdadera naturaleza divina de Jesús: su máxima humanización que llego a transparentar a Dios. Ya que el ser humano es correlato de Dios, imagen y semejanza con Dios. Donde lo más radicalmente humanos ilumina, ahí ilumina Dios.

Esta recuperación es esperanzadora ya que al negar la humanidad de Jesús se niega la presencia de Dios entre nosotros. Si se niega la humanidad de Jesucristo es más fácil voltear el rostro ante el sufrimiento del prójimo, es más fácil pensar en metadiscursos que legitiman el poder pastoral (Foucault) ya que “dios” es todopoderoso, su voluntad se impone “así como en el cielo como en la tierra (Mt.6.2), y lo que ates en la tierra será atado en los cielos (Mt. 6.19)

Todo esto lo he llamado “Monofisismo” evangélico del absoluto divino. La teología de la predicación debe superar este lastre y recuperar la más hermosa idea de Dios, que es Abba, y de Jesús, que es nuestro hermano y amigo. El Dios del amor, que él mismo es amor, y que se ha encarnado por amor. Jesucristo es la expresión suprema del amor de Dios. El amor es sufrido, es benigno, todo lo cree, todo lo espera.




[1] No “único Dios” sino Dios uno. Lo primero es absolutización de Dios; lo segundo no es un razonamiento numérico sino una promesa: Dios es el mismo de ayer, de hoy y para siempre Heb. 13.8, ése Dios uno que tiene misericordia, que nos da su gracia, que nos da la promesa de cielos nuevos y tierra nueva donde reine la paz es el mismo Dios uno que actuó en Jesucristo. Él es el que es, el que era y el que ha de venir. Apocalipsis: 1.8.
[2] Se debe repensar la tradición antropológica-teológica pesimista. Humanidad no es signo de maldad, de pecado. Humanidad es proyecto de Dios: Proyecto en cuanto su voluntad amorosa y proyecto en cuanto pro-yección de Dios mismo en la consumación de su obra reconciliadora, donde todos seremos uno en Dios.

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