NAVIDAD
Y REDENCIÓN
Mt. 2 –
Ap. 5
Miguel España.
Martes 17 de diciembre del 2019.
La
navidad tiene una larga historia, que va desde elementos propios de esta
tradición anterior al mismo cristianismo, como en su desarrollo más moderno. La
fecha del 24 de diciembre, el árbol de navidad y sus adornos, el intercambio de
regalo, entre otras, son costumbres prestadas de otras tradiciones culturales
donde el cristianismo se inculturó.
Estos
préstamos culturales no niegan la calidad de la festividad, como algunos
pretenden, ya que como cristianos creemos en el valor del intercambio cultural,
de sabidurías y tradiciones de entre los pueblos del mundo. Poner nuestro arte,
creatividad, tradiciones y bienes culturales a la adoración a Dios y a las
festividades de nuestra fe. Debemos recordar que las ideas no quedan estancadas
en las culturas en que surgieron, sino que tienen el potencial de evolucionar a
nuevos sentidos. Es lo que pasa con ideas y tradiciones prestadas de otras
culturas precristianas o no cristianas, que antes tenían un significado
preciso, pero ahora tiene un sentido cristiano.
El más
profundo sentido cristiano es el salvífico. Por ello decimos que todo aquello
que no promueve la vida, la justicia, la paz y la reconciliación no es cristiano,
por lo tanto no es navideño.
Las
prácticas, tradiciones, y tipos de celebraciones han variado en la historia de
occidente respecto a la navidad. Hoy la navidad ha sido mediatizada por las
empresas y el marketing para elevar las ventas y promover el consumismo,
explotando sentimientos tales como la “esperanza”, “familiaridad”,
“reencuentro”, “amor, “solidaridad”, etc. La imagen más poderosa de la navidad,
que prevalece en nuestra sociedad, es la que proviene de la cultura anglosajona.
Es una navidad aburguesada, sentimentalista, consumista y hasta depresiva.
Navidad
aquí y ahora es construir condiciones de nacimiento del pueblo de Nicaragua.
Ante los Herodes, los dragones y asesinos de los proyectos de vida (asesinos de
los niños en EvMt) de los pueblos, debemos ser como los pastores, magos y los
mismos José y María: protectores, promotores y cuidadores de los
nacimientos/proyectos de vida y de humanización. De esta manera la navidad
siempre será un desafío a construir, y no una fecha de consumo y
sentimentalismos. Sería asumir el Evangelio de la navidad y no la navidad del
consumo.
La navidad
es un signo, más que un hecho consumado. La navidad, desde un punto de vista
escatológico, es la verdadera encarnación del Hijo de Dios en la humanidad
redimida.
La navidad
es la restauración de la imagen de Dios, no en el individuo aislado, sino en la
comunidad humana plena: en vida, justicia, paz. Por ello es que la navidad solo
se entiende en el marco de una teología de la Creación continua (una teología
procesual) y de una teología de la encarnación. Ambas teología son las dos
caras de una misma promesa: la navidad. El final (telos) de la Creación es que
la imagen de Dios sea todo en todo; un momento salvífico de ese proceso es la
encarnación. La encarnación es la plenitud anticipada de la creación en Jesús,
el Cristo, primicia de la nueva creación. La encarnación es el acontecimiento
definitivo, irremplazable, definitivo y universal; ahora todo está cumplido (tetelestai).
Esta
verdad de fe es la que informa y da fuerza a la celebración de la navidad de
tiempo en tiempo, de año en año. Por lo tanto, la navidad es una promesa, es
escatología; promesa de una humanidad que nace de nuevo.
El
texto de Juan 1 y de Lucas 2, sobre la encarnación y el nacimiento del Hijo de
Dios, revelan un dato histórico sobre el nacimiento del líder del cristianismo,
Jesús de Nazaret; pero más que eso apunta a la realización plena de estos
signos históricos; realización plena en el cumplimiento de la promesa de Dios:
Dios se ha encarnado en nuestra humanidad e historia para que la humanidad
renazca en el pesebre de la Santa Trinidad. La noche buena que celebramos cada
24 de Diciembre en el mundo cristiano es signo del nacimiento de una humanidad
plena en amor, justicia, reconciliación. Esto es utópico, pero nos hace caminar
hacia su búsqueda y construcción.
La
trinidad es el pesebre en el que la humanidad está llamada a renacer; es
símbolo de la acogida de Dios de nuestra humanidad redimida. La trinidad es
relacionalidad, es reconciliación, es dialogicidad, circularidad,
consensualidad, amor, unidad en la diversidad y diversidad en la unidad. La
trinidad es el símbolo supremo de la plenitud humana redimida.
Toda
la simbólica en Mateo 2 y Apocalipsis es una lectura de la historia de la
salvación que confirma la promesa de la victoria del cordero inmolado sobre los poderes criminales
de los sistemas de muerte mundanos (Apoc. 5: 6-9). La falsa promesa de
adoración de Herodes, el asesinato de los niños (Mt. 2), el dragón y toda su simbólica
de poder y muerte, que al no poder contra la “mujer” se ensaña contra los
“descendiente de ella” (apocalipsis 12); toda esta narrativa bíblica nos ubica
en la lucha intrahistórica entre dos poderes que quieren prevalecer: el del
reino de Dios encarnado en un bebé y el de un dragón que encarna los poderes
despóticos, opresivos y represivos de la Palestina del siglo 1 y la Nicaragua
de hoy y de ayer.
Todos
los poderes de este mundo quedan juzgados ante la im-potencia e im-prepotencia de
un niño; el dragón-sistema es vencido no con las fuerzas de las armas, de la
institucionalidad-legalidad de los sistemas opresivos, de la prepotencia de la
bestia; no, sino que es vencido por la sonrisa de un niño. En cada niño la vida
vence sobre la muerte; en cada nacimiento celebramos el nacimiento de la
esperanza de una humanidad mejor.
Ahora
sí, con consciencia podemos decir: feliz navidad. Este deseo dicho a cada
persona, amigos, familiar, vecino/a, es invocar la paz, la justicia y el amor
en cada vida, en cada familia, en nuestra Nicaragua.
[1]
Rodríguez, I (18/12/2010) Sones de navidad. Recuperado de: https://www.laprensa.com.ni/2010/12/18/suplemento/la-prensa-literaria/1092710-3557

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